miércoles, 25 de mayo de 2011

Musume dôjôji (la muchacha en el templo Dôjô)

O lo que es lo mismo, cómo liarla parda siendo un bonzo.

El otro día volviendo con el coche de hacer unas compras saltó en el ipod del cruzado un estracto de un cd sobre música tradicional japonesa, me fijé en el título y era Musume Dôjôji. Así que no pude evitar soltar una exclamación y decir: uhm...terrible historia, mal rollo...
El cruzado enseguida me preguntó que a qué me refería pero yo sólo le contesté: mal rollo, muy mal rollo.

Supongo que le debo una disculpa, a veces no me apetece hablar de según qué historias, lo cual me recuerda a un amigo mío que cada vez que escribe el kanji de "oni", demonio, necesita escribir luego algún kanji benigno al lado porque si no le da "mal rollo".

Pero visto que la gente por la internet lo que quiere son celos, folletines, simil-demonios vengativos, etc... Aquí tenemos un claro ejemplo de cómo el amor se puede transformar en un odio que va mucho más allá del tiempo y el espacio.

De la historia de Kiyohime he leído muchas versiones, a cada cual (así entre nosotros) más aburrida o mal contada. ¿Qué le cuesta a la gente añadir un poquito de su parte y hacer las cosas entretenidas? Esos copia y pega tan aburridos.

Veamos, cómo es la historia, cómo es... Bien, tenemos a un joven bonzo llamado Anchin, guapo chico, una pérdida para la humanidad, ya se sabe todos los buenos o están "ocupados" o se hacen bonzos o... bueno esto no va con la historia. Un bonzo es un tipo de monje budista que ha renunciado a todas las cosas de este mundo, sí a todas, digamos que practica un tipo de budismo extremo para alcanzar la iluminación.

Como todo buen bonzo, Anchin había partido en un viaje de peregrinación hacia Kumano. Es una práctica muy habitual el realizar este tipo de peregrinajes para encontrar la propia vía de iluminación y como formación para el monje. Dado que estos monjes no poseen nada, se ven sujetos a la caridad de los demás, y es frecuente que algunos les ofrezcan cobijo en sus casas cuando cae la noche. Este fue el caso de Anchin, que ante la posibilidad de pasarla al raso, no se lo pensó dos veces y aceptó el ofrecimiento del noble Soji Kiyotsugu de dormir en su mansión.

Hay varias versiones sobre lo que sucedió allí dentro, a veces se duda de si el dueño era un noble, o era un mero comerciante, o incluso que el lugar era un hostal... En cualquier caso, el dueño tenía una hija, la hermosa Kiyo-hime (ya lo de hime nos está indicando que la versión del hostal o el comerciante no son viables, porque hime es un título). Unos cuentan que estaba el monje meditando y la muchacha al verle sufrió un flechazo tremendo, yendo a preguntar a su padre inmediatamente quién era el joven. Otros cuentan que ambos se vieron y el flechazo fue simultáneo. Otros más que la del flechazo fue sólo Kiyo-hime que estaba "en una edad muy difícil".

Para terminarlo de arreglar, el padre de nuestra protagonista, yo no sé si con mala intención, por hacer una broma o porque estaba hasta las narices de la hija, le respondió que era su prometido y que un día se casaría con el monje.

Aquella noche, Kiyo-hime (ya sabemos que "en una edad muy difícil") decidió adelantar las cosas un poquito y sigilosamente se le metió en el futón al "pobre" bonzo. De nuevo versiones varias, que si él cayó rendido porque ella era muy mala, que si la que cayó rendida fue ella porque él era un caradura, que si la pasión les jugó una mala pasada porque el reino de los sentidos es malísimo y hay que seguir la vía de Buda o ya ves lo que ocurre....

Resumiendo, aquella noche ninguno de los dos tuvo frío, cosa muy normal en las noches solitarias de la prefectura de Wakayama.

Es probable que el "pobre" monje tuviera lástima de la muchacha, por las falsas ilusiones que se había hecho y tal vez le dijera que llegaría a Kumano, colgaría sus hábitos y volvería a por ella en cualquier momento. (Yo sinceramente me creo más que fuera así, una mentira piadosa para quitarse el problema de encima). Otros cuentan que huyó directamente de la casa aquella misma mañana sin decir ni adiós. (Pies para qué os quiero).

El monje siguió su peregrinaje y luego tuvo que volver por donde había venido, es decir, pasar por la casa de la muchacha, pero lo hizo de tal manera que tomó un desvío a un pueblo cercano y se libró de que le viera. Pero mientras él había estado de viaje, ella había esperado y esperado sin descanso, encendida en un amor y una pasión que no eran compartidas. Y a medida que iba pasando el tiempo, aquel fuego se fue convirtiendo en un odio profundo y espantoso, que culminó en la certeza de que el monje le había tomado el pelo. Con un poco de esfuerzo terminó enterándose de que precisamente había pasado por el pueblo de regreso a su templo y decidió perseguirle.

Allí va loca de amor y odio Kiyohime, con las ropas rasgadas por las ramas de los árboles y las malas hierbas del camino. El pelo revuelto alrededor de su cara deformada por la angustia y despojada de toda su anterior belleza. Al llegar junto al río logra ver a su amado sobre una barca y le grita desde la orilla que vuelva, pero Anchin le ruega el barquero que se de prisa y que por ningún motivo vuelva a recogerla.


El problema es... que la joven ya no es un ser normal. Las pasiones que han dominado su mente y su cuerpo la han llevado al extremo de que ya no es una mujer sino una hanya, su rostro se transforma, le crecen los cuernos y el cuerpo va cambiando para descubrir bajo las ropas a una serpiente que se lanza al río y les persigue nadando a gran velocidad.



El único refugio que encontró Anchin fue en un templo cercano, Dôjôji, donde pidió asilo a su abad que enseguida le ocultó bajo la campana. Pero el olfato de la terrible serpiente era muy fino, así que descubrió el engaño y se enrroscó a su alrededor golpeando con su cola y cansada de esperar a que saliera su presa, exhaló una poderosa llamarada que fundió a ambos y los redujo a cenizas.



Así podría haber acabado al historia, pero ya sabemos que las mujeres celosas y abandonadas son terribles. 400 años pasaron sin que el templo Dôjôji tuviera campana, ni tampoco se permitió que entrara ninguna mujer al recinto por temor a la maldición de la serpiente. Pero con el tiempo las cosas se van olvidando y poco a poco los monjes reunieron suficiente dinero en donativos, como para hacer una nueva campana, que estrenaron orgullosos. Prepararon una solemne ceremonia y se reunieron a su alrededor para celebrarlo.

Mientras esto sucedía, a la puerta del templo llegó una muchachita, algunos monjes le cerraron el paso, pero ella les explicó que era una shirabyôshi, una bailarina y que al menos dejaran que realizaran unas danzas para celebrar aquella efeméride.
Imagen de la obra de teatro nôh:



Los monjes, que son unos blandos, la dejaron pasar pero.... después de un par de bailes, la joven saltó sobre la campana y mágicamente desapareció. Desde ese momento cada vez que se tañía, en vez del gong hermoso del metal, se oían terribles quejidos y lamentos desgarradores.



La única solución fue enterrar la campana, porque el espíritu de Kiyo-hime había vuelto para impedir que los monjes tuvieran una nueva.

Allí permaneció, bajo tierra, durante otros 200 años, hasta que Toyotomi Hideyoshi la sacó a la luz, ordenó transportarla al templo Myomanji (centro de pregrinación que guardaba las cenizas del buda Sakyamuni, el buda histórico) y se realizó un acto de purificación con la lectura ininterrumpida del sutra del loto por los monjes. Así se logró redimir al espíritu atormentado de la joven traicionada y desde entonces la campana permanece en dicho templo.



Moraleja: cuidadín con las promesas de amor que hacéis.

Aquí tenéis un link de la obra de kabuki por Bando Tamasaburo V, la parte de la campana y la bailarina, pulsad aquí.


3 comentarios:

Aón dijo...

Hola, señorita Kitsune. Hace poco tiempo encontré vuestro blog y me dispuse a devorarlo entero... no sabeís como me alegra saber que estaís de vuelta para seguir disfrutando de vuestras historias.


Un saludo.

Kitsune dijo...

Aón-san: bienvenido a la casa de té y me alegro de que al menos te hayan gustado los artículos.
Espero estar de nuevo a la altura de las expectativas. Es siempre una gran responsabilidad sobre todo para con los nuevos clientes.

Anónimo dijo...

Hola, gracias por la explicacion hace rato la andaba buscando.Si puede ampliarla mas seria genial